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Julián Cepeda Torres


Don Julián, ¿En qué año nació,  dónde, nombre de sus padres? 
Nací el 23 de Mayo de 1936, en Girón (S),  Municipio donde jocosamente se dice que todos son cotudos. Una frase que comúnmente se escuchaba era: “Pidamos a San José que nos pase el coto abajo donde no se ve”. Hijo único. Mis padres y yo enfermos de lepra. El municipio le daba un pago al que informara quien estaba enfermo de Lepra, luego, la policía iba y lo reclutaba; le hacían el diagnóstico y si salía positivo los mandaban para Contratación. Eso sucedió  con mi papá, y curiosamente al tomar las placas para dar el diagnóstico de la enfermedad, salimos los tres contagiados. Cuando yo tenía doce años, vendimos todo allá, salimos los tres y nos vinimos para contratación. 

Su infancia: Dónde vivió? Qué estudios realizó? ¿Cuándo joven que hizo?
Llegué a Contrata a los 12 años. Me pusieron a estudiar en una escuelita que era particular. La profesora era Josefina Rojas, oriunda de Saboyá (Boy), y  por cierto era enferma de Lepra. Como era escuela particular, se aportaba algo económico para que ella que sabía de letras, nos enseñara. 
Yo ya sabía algo de lectura y números gracias a la enseñanza de mi mamá en la casa; después de una prueba que me realizó la maestra, me incluyeron al cuarto año. Los textos eran unos libros con temáticas acordes al grado; había   lecciones sobre todo y el estudio se hacía en una pizarra. Estuve dos o tres meses ahí estudiando y me salí. ¿Por qué? Pues yo vi en una casa una zapatería y como es de suponer, hacían zapatos. Entonces me salí de la escuela y aprendí zapatería. Con el tiempo ese oficio me aburrió y empecé a ser carpintero. Me cansé de ese oficio y en el año  1953 toda la herramienta se la vendí al Señor Báez en 300 pesos. Lo vendí porque ya no tenía agilidad en las manos. Después aprendí a ser sastre, después ensayé algo de soldadura. Yo era un hombre polifacético.
Los sacerdotes salesianos nos apoyaron mucho. El Padre Guia se fijaba en los que eran más sobresalientes. Escogieron al mono Emilio y a Mí. Como no había radio ni televisión,  la gente acudía a espacios de teatro que se programaban en el pueblito. A nosotros dos nos tocaban los papeles cómicos. A los demás les correspondía los papeles serios.

¿Cómo conoció a su esposa?
Mi esposa es de aquí. El nombre completo es Ana Lucía Blanco. Es  nacida en la Vereda la Vega. La forma como la conocí fue la siguiente: Eran unas fiestas de unos bazares, con los cuales se recolectaban fondos ya fuera para la Iglesia o para la comunidad. Estamos hablando del fin del año de 1962. En uno de esos bailes que se hacía, recuerdo muy bien que  yo estaba disfrazado de diablo. Estando en esas, le dije a un  amigo que si la cuñada bailaba y me dijo que sí. Yo la saqué a bailar y nos entendimos muy bien. Ahí empezó todo… y a los 6 meses nos casamos. No hubo hijos en el matrimonio. A los dos años de casados, nos fuimos para Agua de Dios. Vivimos 32 años allá y luego regresamos aquí a Contratación. Cuando se metió la guerrilla nos fuimos 8 años para Girón. Luego nos vinimos otra vez para acá. Hace ya más de 5 años que llegamos nuevamente  al Lugar donde pensamos pasar nuestros últimos años.

l¿De dónde la devoción de las rogativas para que llueva? ¿En qué consiste eso?
En todo el mundo Católico ha existido el recuerdo de las rogativas. En el libro de los Reyes (Antiguo Testamento) cuando  no caía la lluvia hubo una división entre los israelitas… pues “unos no creían en Dios porque no nos manda la lluvia”. Se dividieron y los que no creían en Dios ellos hicieron un ídolo que se llamaba Baal. La biblia dice que Elías (sí creía en Dios) le dijo a los que no creían en Dios que hicieran una  oración a Baal para ver si eran capaces de hacer llover; pasó el tiempo y no llovió. Los que creían en Dios oraron y en poco tiempo hicieron llover. Se dieron cuenta que era el Dios verdadero y los que creían en Baal dejaron su creencia y creyeron nuevamente en Dios.

La rogativa existe desde esos tiempos Bíblicos antes de Cristo. Cuando llegué de Chico, aquí se hacían rogativas. Se salía a la calle cantando letanías. Se llegaba y se hacia la misa en el templo. En pocos días llovía. Esto sólo lo logramos nosotros los de credo Católico. Esto nos hace ver que el Señor no nos ha olvidado, pues bien dice la Biblia “Pedid y se os dará”.

Cuando era el verano muy fuerte en esos tiempos se convocaba la comunidad. Los que tenían dinero aportaban para pagar la rogativa y los más pobres sólo participaban.  Lo que se quería y pedía era la participación de toda la comunidad.






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